Sobre la memoria
Valentina Jiménez
Quise escoger un tema, una
civilización, una escultura, una pintura e incluso algún acontecimiento que me
hubiera llamado la atención más que todo lo demás que vimos en el curso, en
cambio intenté pensar de forma resumida y puede ser hasta cierto punto simple,
el elemento que juntaba y relacionaba todos los temas vistos, incluso cada
línea de un jarrón Griego, con un tallado de una piedra asiria y más aún con
una mínima intervención en alguna cueva. Concluí en la memoria y la
permanencia, uno de los textos que leímos en el curso, con el cual sentí un
verdadero descubrimiento fue el fragmento de O´Gorman decía algo respecto a ver
la historia de una forma lineal que nos llevaría a ser simples piezas de un
destino predeterminado. Coincido con el, no lo somos, y creo que la historia es
mucho más compleja que un causa y efecto simple y que presiona hacia adelante.
Pero ¿por qué hablo de la memoria? Más allá de intentar descubrir o simpatizar
más con una teoría al respecto del surgimiento del arte o la razón “verdadera”
por la cual los primeros hombres pintaron representaciones en las cuevas,
existe una relación estrecha con la permanencia y la memoria. Yo hice este
trazo, este trazo representa, involuntariamente este trazo tendrá una
permanencia hasta cierto punto (en el caso de las pinturas rupestres, hasta
nuestros días), y quién la observe sea esta mi intención o no será una forma de
transmisión de mi memoria y mi vivencia. No pienso decir que todo el arte tenga
estás intenciones ni mucho menos, si no es una forma en la que planeo entender
este comportamiento humano de transformar materiales en objetos inservibles o
intervenir sin un fin práctico. El arte si debo decirlo, no sirve para nada.
Esto no es una excusa para no intentar entender que si hace. En mi trabajo
hasta ahora creo que he seguido siempre esta línea que me pulsa, y que veo
espero no de forma forzada en los temas vistos en el semestre, las grandes
civilizaciones (Grecia y Asiria) creaban representaciones de su cultura, eran
una forma de transmitir las diferentes formas de vida y creencia, cada una a su
manera, reitero mi impresión hacia los Asirios los cuales en un principio la
composición de un tallado en piedra dependía del tamaño de la roca encontrada,
ni más chica, ni más grande. Termina siendo la simulación representada en un
pedazo de piedra que por razones externas ha sido de tal o cual tamaño. La
permanencia esta hecha para verse, aún cuando no se concibiera hasta que punto
las piezas antiguas llegarían a nuestros días para ser estudiadas y que aún en
este punto haya descubrimientos de tesoros antiguos de miles de años atrás en
el momento en el que un jarrón era intervenido más allá de la forma práctica,
este jarrón estaba hecho para verse y era distinto a otro jarrón, no solo
hablando de que la forma puede ser diferente y es casi imposible pensar en una
similitud exacta, pero el jarrón X tenía líneas curvas mientras que el jarrón Y
tenía líneas rectas, se hace una distinción que busca ser observada y notada.
Decía Gombrich que para entender el
arte teníamos que estar conscientes de nuestra similitud con el hombre que
pintaba en las cuevas en el inicio de todo. Y no sólo hablando de nuestro
misticismo que menciona al cuestionarnos
si podríamos colocar una aguja en una fotografía o no, somos seres de memoria.
Estamos conformados por
representaciones generadoras de simulacros algunas con un fin como lo fueron
los mitos de los griegos, la duda es castigada con la muerte como lo constató
Sócrates, las representaciones deben dar seguridad no dudas. Lo establecido a
través de la memoria supondría generar un avance seguro no un “retroceso” de
cuestionamiento. Pero es en esta búsqueda tan constante e ininterrumpida de
materializar la vivencia donde veo la inseguridad de lo efímero, lo que no
permanece, cuanto miedo hay al olvido.
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